Nunca he entendido a los que se aburren del pollo, pero de que los hay, los hay. ¡Ay, y cómo se quejan! Dicen que no tiene sabor, que es demasiado duro o reseco, que meh, meh, meh. ¿Qué proponen? ¿Que gastemos una millonada en carne de res añejada e importada de Japón para consentir a su paladares delicados?
La culpa no la tiene el pollo, sino la manera en que se cocina. Basta con saber un secreto que me contó por primera vez un restaurantero de la colonia Roma: hay que ponerlo en salmuera antes de cocinarlo, y ya con eso resuelves el tema del sabor y de la textura. El tip lo he vuelto a ver en documentales, libros, revistas y lo he escuchado de mamás, tías y cocineros.…
